Baltazar vuelve a hablar
- Kevin Escobar Villeda
- 19 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: hace 6 días
—No supe cuando desperté nuevamente, en el descanso eterno el tiempo ya no existe, no tengo idea de cuanto tiempo ha pasado, todo se ve muy diferente ahora.
Solamente siento ahora que la tierra ya no es la misma, las montañas se ven diferentes, el río Chixoy sigue pasando, hay momentos en que parece que nada ha ocurrido, que las cosas siguen igual y que las cosas se olvidan.
Soy Baltazar Ixcotoyac —me dijo en esa ocasión—fui catequista, padre, agricultor, vecino de la aldea Guantajau, Sacapulas, Quiché y el 4 de diciembre de 1981 dejé de serlo todo, menos memorias.
Ya te vi caminar en el pueblo, dijiste: Tujaal, el nombre antiguo de la tierra. Supe que debía contarte la historia, no para pedir justicia, porque esa palabra nunca llegó, sino para pedirte que contés nuestra historia.
Aquel día, cuando el sol alumbraba sus primeros rayos por las montañas, llegaron nuevamente, era el ejército. Dispararon al aire, reunieron a la gente. Nos preguntaron lo mismo una y otra vez.
— Decían que éramos de la guerrilla...
Éramos catequistas, éramos agricultores, éramos padres de familia, hijos, esposos, hermanos...
Nos acusaron, nos ataron y nos llevaron al cementerio con los ojos vendados, la mayoría de la aldea de Guantajau y unos de la aldea de Tzununul. Nos torturaron, nos machetearon...
El ruido de los balazos interrumpió el silencio de la mañana, los cartuchos fueron vaciados, cuando las familias regresaron, solo encontraron la tierra removida y la vida de las víctimas terminada, como pudieron buscaron nuestros restos en pedazos. Las mujeres enterraron a los suyos. Los hombres que no fueron acusados de guerrilleros estaban escondidos en la montaña. Después, muchos se fueron: a la costa, a la montaña, a la ciudad. Algunos nunca más regresaron.

—Yo regresé hoy...
No te vengo a asustar...
La historia se repitió, el ejército regresó muchas veces, otros nombres se sumaron a la lista. El pueblo aprendió a callar, pero la tierra no olvidó. Cada jueves, cuando el mercado llena de colores el centro, en el aire siguen estando las voces. Las voces de quienes sufrieron la injusticia.
Por eso te hablé.
Porque escribir también es una forma de acompañar a las víctimas. Porque mientras alguien pronuncie nuestros nombres, no terminamos de irnos.
¡Andá, contalo! —me dijiste que escribís, me dijiste que contás historias—.Contalo sin rabia, pero sin olvido. Contalo para que nadie vuelva a preguntar por qué la montaña guarda silencio. Acordate de mi nombre, soy Baltazar.
Yo volveré a descansar. vos, seguí caminando.
Me dijo en esa ocasión Baltazar Ixcotoyac, cuando regresó para contarme su historia.
El 4 de diciembre de 1981 las fuerzas del estado de Guatemala perpetuaron la masacre de por lo menos 18 personas en la comunidad de Guantajau, Sacapulas, Quiché. Entre las víctimas estaba Baltazar Ixcotoyac de por lo menos 50 años cuando sucedió la masacre.
¿Qué tipo de sociedad construimos si elegimos no informarnos ni hacernos conscientes de los crímenes cometidos contra la población civil durante el conflicto armado interno?



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