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Yopaat

  • Foto del escritor: Kevin Escobar Villeda
    Kevin Escobar Villeda
  • 29 ago 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 1 sept 2025

Una deidad maya de la tormenta en Quiriguá


Era una mañana de julio cuando salimos muy temprano de la Ciudad de Guatemala con rumbo a Los Amates, Izabal. El viaje, que prometía ser directo, se convirtió en una verdadera travesía tras quedar atrapados durante tres o cuatro horas en un embotellamiento provocado por un accidente cerca de Gualán, bajo el infaltable sol del mediodía zacapaneco.

Nuestro destino era el sitio arqueológico de Quiriguá, donde iniciaríamos una jornada de lectura de monumentos escultóricos con inscripciones jeroglíficas, como parte de un taller especializado. El grupo estaba compuesto principalmente por participantes de México, Honduras y Guatemala.


Al llegar, el panorama cambió: del calor abrasador característico de la región pasamos a la antesala de una tarde nublada. Mientras trabajábamos en la lectura del Altar L —que retrata al gobernante K’awiil Yopaat— y del panel de los jugadores de pelota —que posiblemente representa al último gobernante del sitio enfrentándose con el de Copán—, una fuerte tormenta eléctrica se apoderó del entorno. El viento recio, los relámpagos y los truenos parecían anunciar la presencia de un poder superior. Era como si Yopaat mismo, señor de las tormentas, se hubiera manifestado para recordarnos quiénes éramos realmente los visitantes en aquel lugar sagrado.

Altar del Zoomorfo P, Quiriguá.
Altar del Zoomorfo P, Quiriguá.

Los antiguos mayas clásicos de Quiriguá habitaron una región de clima húmedo tropical, propio del litoral caribe guatemalteco. Se asentaron en un fértil valle en la cuenca del río Motagua, rodeado por el imponente telón de fondo de la Sierra de las Minas. El paisaje aún conserva fragmentos de la jungla que seguramente fue norma general durante el Clásico Tardío. En este entorno, la tormenta no era un simple fenómeno meteorológico: era un espectáculo divino.


Los mayas identificaban en esas fuerzas a un personaje sobrenatural: Yopaat, representado en los zoomorfos y en varias inscripciones del sitio. Puede reconocerse por las volutas en su cabeza, cuerpo y rostro antropomorfo, así como por los atributos que porta: manoplas, pectorales de bandas cruzadas y, en algunas representaciones, la postura de un danzante.

Yopaat, dios patrono de Quiriguá, era concebido como el poder que recorría los cielos en las nubes tormentosas que se entrelazan con las montañas circundantes. Sus imágenes, plasmadas en el Altar P y en el O, además de otras variantes escriturarias, reflejan cómo gran parte del imaginario ritual del sitio giraba en torno a las dinámicas del agua, la tierra y la tormenta.


Durante aquella visita, la experiencia fue sobrecogedora. Las nubes oscuras se arremolinaban como danzantes etéreos y los truenos resonaban con una fuerza casi sobrenatural. La majestuosa furia de la tormenta nos envolvió en un profundo estado de asombro y reverencia. La naturaleza parecía susurrarnos antiguos secretos, recordándonos nuestra pequeñez frente a las colosales fuerzas divinas que gobiernan el cosmos.

a, b Yopaat identificado en los altares del sitio. Dibujo de: Ma. Eugenia Gutiérrez González
a, b Yopaat identificado en los altares del sitio. Dibujo de: Ma. Eugenia Gutiérrez González

Tras el paso de la tormenta, el ambiente quedó impregnado de frescura, calma y silencio. Las nubes se deslizaban suavemente sobre las montañas, mientras Yopaat se preparaba para regresar a su territorio más tarde. La expedición tendría que continuar al día siguiente, pero en todos quedó la certeza de haber sido testigos de algo más que un fenómeno natural.


¿Por qué crees que los mayas optaron por personificar los fenómenos naturales en deidades y seres sobrenaturales? ¿Qué nos dice esta visión sobre la manera en que los mayas comprendían su relación con los elementos de la naturaleza?


Grupo de estudiantes de epigrafía en la acrópolis principal de Quiriguá. Fotografía: Kevin Escobar Villeda (2024)
Grupo de estudiantes de epigrafía en la acrópolis principal de Quiriguá. Fotografía: Kevin Escobar Villeda (2024)

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